¡Enhorabuena Miami! ¡Ya somos políticamente correctos! Las manifestaciones en defensa de los emigrantes ilegales es la última tendencia a la que parecía que aquí, en la auténtica ciudad de los vientos, no hacíamos mucho caso.
Y se levantaron voces en la comunidad reclamando una mayor concienciación y una militancia más activa.
Coincidiendo con el domingo de Ramos la gente se lanzó a la calle para, en una suerte de procesión pagana donde las banderas norteamericanas y las pancartas sustituían las palmas, manifestar su apoyo y pedir una “solución para el problema” de los “ilegales”.
Pues lo siento mis queridas lectoras pero en todo esto hay muchos intereses y algo de demagogia, tanto da la proporción. ¿Cómo es posible que se apoye algo ilegal? Así luego nos van las cosas. Hay que respetar la legalidad porque desde el momento en que alguien la vulnera, sea por la razón que sea, abrimos la puerta para que cualquiera esgrima razones que le permitan saltarse las leyes a la torera.
Fumar marihuana es ilegal. Punto. Si te pillan tienes problemas. Podrás argumentar lo que quieras pero has cometido un delito. Cruzar la frontera de un país que no es el tuyo para quedarte sin autorización también es un delito. Punto. Las fronteras están para algo.
Permítanme usar un ejemplo que no por tópico deja de ser valido. Mañana me meto en una casa pretextando que tengo que revisar algo pero a la hora de marcharme tiro un colchón en un rincón de la sala y le digo a los dueños que me quedo a vivir allí. ¿Usted que haría¿ Echarme a patadas, me imagino.
Sé que la mayoría de los emigrantes tienen razones de peso para salir de su tierra, pero no parece lógico que un país ajeno tenga que cargar con los problemas que en el país de origen no son capaces, o no quieren arreglar. Los problemas político-económicos desaparecen del país de origen para reaparecer trasmutados en un problema de emigración, es decir humanitario, en el país de llegada, en nuestro caso EE.UU. ¡Que bonito¡ Problema resuelto. Y con premio porque las remesas de los emigrantes siguen engordando la corrupción y la inoperancia.
Si es un problema humanitario, son los organismos internacionales quienes se tienen que ocupar de solucionarlo. ¿Cómo? No lo sé. Quizás mandando a la cárcel a los que llevan a la ruina, por robo, incompetencia o ambas, a esos países donde se origina la emigración.EE.UU. implementó el TPS como un respiro temporal mientras las cosas mejoraban en aquellos lugares afectados por una situación de emergencia pero claro, como aquí los afectados sobreviven bien y como las remesas resuelven a los que se quedaron, quieren mutar la temporal en permanente.
Tan extrañas hermandades se establecen que uno no tiene por menos que sospechar qué algo pasa. ¿Cómo es posible que en la defensa de los indocumentados aparezcan esbirros del entorno Chavista y la Iglesia Católica de EE.UU.?
Cada uno tiene sus razones. Las de la izquierda radical no necesitan demasiada explicación porque sabemos que la única legalidad en la que creen es en la suya, harán todo lo que puedan para hacer daño a este país, y para ellos el desorden es despensa. Sin embargo, ¿por que la IC apoya lo ilegal? Me da vergüenza ajena, como católico, escuchar soflamas en boca de, por ejemplo, el Padre Alberto Cutie disfrazadas de “todos somos hijos de Dios y tenemos los mismos derechos”.
Mire usted Padre pura demagogia. Porque en el nuevo testamento nuestro Maestro hablo de “las cosas de Dios y las cosas de César”, y entre estas últimas se encuentran las leyes, las fronteras y la cosa pública. Ser hijo de Dios no te hace impenetrable al efecto de la ley.
Lo que tiene que hacer la Iglesia, tanto en los países de origen de los emigrantes como en los de llegada, es defender la emigración legal, desaconsejar los comportamientos ilegales y denunciar a todos aquellos que comprometen el desarrollo de la nación cuando hacen de la corrupción una herramienta financiera y de la injusticia social la fuente de su riqueza.
Pero, me temo, que la Jerarquía Católica sabe que su fuerza en EE.UU. reside en los emigrantes hispanos porque la mayoría es católica; y cuantos más emigrantes legales haya, más fuerte será la Iglesia social y económicamente. De ahí una de las razones, me temo, de los esfuerzos para que se posibilite la legalización de los ilegales aun a costa de defender la ilegalidad. ¿Demagogia o jesuitismo?.
4.10.2006
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